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Dos grandes puertos del concejo de Somiedo. Dos sube-baja para dos subidas diametralmente opuestas. El Puerto de Somiedo es más largo y tendido, con hechuras de puerto clásico. Por su parte la subida a Valle del Lago es más corta, irregular y explosiva. 
Como punto de unión la extraordinaria belleza de amabas subidas, enclavadas en el parque natural de Somiedo. Belleza incrementada estos días por la generosa nevada que luce en sus cumbres.

El primer día decido subir al Puerto de Somiedo. Salgo de Pola de Somiedo a las 9:30 rumbo al puerto. La temperatura es muy fresca, pero por suerte no ha caído mucha helada por lo que se aguanta yendo bien abrigado.


El enlazado San Lorenzo, Somiedo y Ventana es uno de los más clásicos que se puede hacer en Asturias. 2450m de desnivel en 84kms, para un total de 106kms tras el descenso de Ventana.



Salgo a las 12 de Entrago. Dudo si llevar la chaqueta de invierno, porque hace fresco, solo 10º, pero daban sol a las 14. Pensando en la bajada de Ventana decido salir con la chaqueta de invierno.
Los primeros kms de San Lorenzo son suaves, ideales para ir calentando y poner a tono las piernas. Cuando llego a Villanueva desaparecen las nubes y aparece ante mí un sol radiante y ya me arrepiento de llevar la chaqueta, jaja.


Tras el descanso que hay a la salida de Villanueva, comienza la zona dura de San Lorenzo, 5,5kms al 11% de media. Ver la carretera al fondo no da muchos ánimos, jaja.


Voy asado, y los dos últimos kms se me hacen muy duros. Ademas me aburro un montón subiendo San Lorenzo. El valle es muy bonito y las vistas son preciosas, pero se ven bien bajando, subiendo siempre se va de cara a la ladera. Tampoco ayuda el trazado, con esa carretera tan ancha y esas rectas eternas.
Por fin veo la cima y veo el cielo abierto.


Las vistas desde la cima si que son espectaculares, tanto por la vertiente que acabo de subir, como por la de Somiedo.



Foto de rigor en la cima y para abajo.


La bajada es vertiginosa, pero hay que extremar la precaución ya que la carretera tiene alguna grieta y bastantes piedras, por lo que conviene no dejar a la bici lanzarse mucho, algo que es complicado ya que las pendientes son altas.
Llego a La Riera y comienzo a remontar el valle de Somiedo, que luce esplendido en todas las épocas del año.


Aquí la temperatura ya pasa de los 20º holgadamente, por lo que los ríos y torrentes bajan con mucho caudal debido al deshielo. Y yo voy asándome con la chaqueta de invierno, jaja.


Paso Pola de Somiedo y comienza el puerto. Los tres primeros kms son los más duros y el calor aprieta de lo lindo llegando ya a los 25º. Recuerdo el pajarón que me pillé aquí hace 3 años por lo que decido ir con mucha clama, y disfrutando del verde ácido de las praderas y la nieve de los picos cercanos.


Los primeros kms son algo monótonos, pero cuando se llega al final del valle, la carretera comienza a serpentear por la ladera para ganar altura, y el puerto se torna muy guapo.



Pese al calor, aquí si que me estoy divirtiendo, y cuando veo la parte final del puerto, sé que el trabajo ya está hecho.



Tras pasar el cruce de La Peral, la temperatura refresca algo y esto me viene de perlas para el último tramo.



Corono Somiedo, con 1950m de desnivel en tan solo 43kms.


Bajo hasta Piedrafita de Babia con la moral a tope, puesto que ya he superado la parte más dura de la ruta y solo me queda llanear unos kms, pero siempre favorables, y subir Ventana, el puerto más sencillo del día.
Pero no contaba con ese enemigo invisible de los ciclistas, el viento, que en esta zona siempre sopla con fuerza. Y hoy me toca tenerlo de cara, castigando mi avance y minando mis fuerzas poco a poco.

Aquí se ve una formación geológica curiosa, de la que no voy a decir nada porque luego me riñen los expertos, jaja.


Rectas y más rectas, en las que me cuesta avanzar una barbaridad.


Me desvío hacia San Emiliano y aparecen ante mí Las Ubiñas, majestuosas como siempre.




En San Emiliano comienzo a remontar el valle rumbo a Ventana. El viento me castiga aún con más fuerza y las rectas de falso llano hacen que vaya perdiendo velocidad paulatinamente.



Rectas y viento, mezcla letal, alguien se ha debido de dejar la ventana abierta, jaja.


Por fin comienzo el puerto con la esperanza de que la ladera me proteja algo del viento.


Llego al cruce de Torrestío y llevo una tostada considerable, me ha quedado claro que no tengo nada de fondo. Justo en ese momento aparece un cicloturista que viene de La Farrapona. Subimos juntos hasta la cima y la amena conversación mitiga el sufrimiento.


Ventana sur es una subida muy escénica, con el macizo de las Ubiñas dominando el paisaje.



Vemos la cima al fondo, pero todavía queda un buen trecho.




Un alud convierte la carretera momentáneamente en la típica ascensión del Giro entre paredes de nieve, jaja.


Coronamos al fin, así que toca disfrutar de las vistas de las Ubiñas y el valle.



Pese a que se ha ido mucha nieve, aún queda una buena pared en la cima, cercana a los 3m de altura.



Comienzo el descenso hacia Teverga, con la pista de Trobaniello ante mí. A ver si este verano me lanzo a conocerla.


Ahora agradezco llevar la chaqueta de invierno, porque esta vertiente es muy sombría y hace bastante frío. Aún así, disfruto mucho de la bajada ya que Ventana es un puerto precioso, y que hoy, con las últimas nieves, luce espectacular.





Llego a Entrago y finalizo la ruta. Pese a las dificultades ha sido un gran día de cicloturismo.
Hace tiempo que me planteaba hacer una ruta que superara con creces los 200kms, y el pasado viernes fue ese día. El objetivo era hacer unos 235-240kms, con la compañía de Javi, que ha decidido hacer esta bendita locura conmigo, pero él sale de Avilés para completar 275kms.
Al final fueron 240 kms y unos 3100m de desnivel, con las subidas a Las Cruces, Somiedo, Túnel de Aralla y Pajares.


Salgo de casa a las 7:20 de la mañana rumbo a Grado donde he quedado con Javi. Primero tengo que atravesar Oviedo, se hace algo incómodo debido al tráfico normal de primera hora de la mañana.
Una vez en la general el tráfico es casi inexistente, pero justo en el tramo entre las rotondas de Santa Marina de Piedramuelle, me meto en el arcén, y según entro recuerdo lo sucio que está, así que decido salir de él cuando oigo: Puummmm!!!!!!!!!! PFFFFFFFFFFF!!!!!!!!!!!
Cáspita!!!, o algo así dije, jajaja, empezamos bien la ruta.


Llego a Grado con media hora de retraso por culpa del pinchazo, siguiendo la nueva moda ciclista, jajaja. Allí me espera Javi y ya nos desviamos hacia Las Cruces. Los primeros kms hasta San Pedro de los Burros son casi llanos y la niebla sigue sobre nosotros, aunque no hace nada de frío, así que cuando salga el sol nos vamos a asar.


Tras coger el desvío hacia Las Cruces, nos metemos de lleno en el bosque, principalmente castaños, por un terreno que alterna falso llano con algún repechín hasta los últimos 6kms, que son los que acumulan más dureza, sobre todo al final con alguna rampa por encima del doble dígito. 
Aquí desaparece el bosque y las vistas son bastante bonitas.




Coronamos Las Cruces y comenzamos el descenso, hay que extremar la precaución ya que la carretera es muy estrecha, muy pendiente y el asfalto está en mal estado. Lo compensan las vistas del valle que son brutales.




Casi al final de la bajada, atravesando un pueblo, tenemos como sorpresa un par de badenes que parecen más una rampa de bmx y que hay que pasar con mucho cuidado, jajaja.

Una vez que llegamos a Belmonte, ya con el sol calentando nuestras cabezas, comenzamos a remontar el valle, son kms muy pestosos, siempre picando hacia arriba, y que con la carretera tan ancha y las grandes rectas se hace muy monótono.


Al llegar a Aguasmestas, el valle y la carretera se estrechan, sigue picando hacia arriba, pero pedalear por esta zona del valle es una gozada.


Llegamos a Pola, el sol ya calienta de lo lindo, así que decidimos hacer una parada rápida para tomar un refrigerio que entra solo.


Comenzamos a subir el puerto de Somiedo, no hay ni una nube, no corre una gota de aire y el calor es abrasador. Por mi mente solo pasa el recuerdo del ultrapajarón que me pillé aquí hace dos años, así que me tomo estos primeros kms, que son los más duros, con mucha calma.


Tras pasar los kms más duros, la pendiente baja un poco, pero entramos en una zona rectilínea que se hace un tanto pesada, y más con el calor que hace.



Poco a poco vamos ganando altura y el puerto va ganando en belleza. El calor es abrasador y los pies me están matando, se me han hinchado, así que paramos un momento para que me afloje los botines un poco y poder llegar a la cima sin problema.




Llegamos a la zona de las revueltas, sencillamente espectacular. Nos entra algo de viento y la temperatura refresca un poco. Esto ya está casi hecho.




Foto rápida de rigor en el cartel del puerto y bajamos hasta Piedrafita de Babia a comer un bocata más que merecido, que todavía no llevamos ni la mitad de la ruta.

Desde Piedrafita de Babia hasta el embalse de Caldas de Luna tenemos unos 35kms de terreno cómodo, con algún repechillo y en el que el viento nos da de costado, pero tampoco molesta demasiado.



Toda esta zona es muy bonita para rodar, y tiene como colofón el puente colgante sobre un embalse lleno, que diferencia con la última vez que pasé por aquí, que estaba casi vacío.



Cruzamos el embalse y nos dirigimos hacia la siguiente dificultad del día, el Túnel de Aralla, o Puerto de las Cubillas, que comparte gran parte de la ascensión con la subida a Aralla.
La subida no tiene mayor dificultad, con la pendiente rondando casi siempre el 5-6%, pero el calor hace dura la subida.


Al fondo vemos la cima de Aralla, pero nosotros nos desviaremos un par de kms antes hacia el Túnel.


A la izquierda de estas preciosas revueltas esta el desvío que debemos de tomar.


Y al fondo ya vemos el túnel que marca el final de la ascensión.



Después de coger el desvío, el asfalto empeora y la pendiente se mantiene en la característica zeta del final de la subida.


Tras coronar cambiamos de valle y las vistas son majestuosas, Las Cubillas se muestran ante nosotros en pleno esplendor.


La bajada a Villamanín tiene truco, ya que antes hay que superar dos pequeños collados, el segundo de ellos, el de la foto, tiene un nombre muy bonito, el Paso del Lobo.


Llegamos a Villamanín y nos desviamos hacia Pajares. Nos esperan 12,5kms de ascensión muy suave, pero el viento frontal nos castiga con dureza, las rectas y el cansancio hacen la subida muy dura.


A mitad de la subida, en Busdongo, decidimos hacer la última parada del día para tomar una cocacola en 5 minutos y comer algo.


En los últimos kms la pendiente aumenta un poco y la niebla amenaza con posarse sobre nosotros, pero la cima ya está al lado y coronamos sin problema.





Desde Pajares quedaban 62kms para llegar a casa, la mayoría por terreno muy cómodo. Hasta Mieres voy bien, con la marcheta, todavía tenía fuerzas en las piernas, pero los últimos 15 kms se me hicieron eternos, sobre todo la ascensión al Caleyo, digna de una película de zombies, jajaja.



Entrar en Oviedo por la senda verde es lo que le da calidad a la ruta, jajaja.


Llegamos a Oviedo, me despido de Javi, que todavía va a seguir hasta Avilés (estás como un toro) y llego a casa con 239,94kms, así que me toca dar una vuelta a la rotonda de al lado de mi casa para completar los 240kms, jajaja.

Gran día de cicloturismo, batiendo mi récord de kms por 35, con más de 11 horas sobre la bici. Pero como siempre, lo mejor de la ruta fue la compañía.